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ArtículoEducación · Políticas Públicas· Junio 2026· 6 min de lectura

No alcanza con arreglar escuelas: hay que reconstruir el sistema educativo

La crisis educativa exige una agenda integral: edificios dignos, aprendizajes medibles, innovación pública, leyes provinciales y participación responsable del sector privado.

Exequiel Soria Arruñada

Exequiel Soria Arruñada

Magíster en Políticas Públicas. Estudiante del Máster en Gobernanza y Derechos Humanos, UAM.

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Una escuela con techos rotos difícilmente pueda enseñar bien. Pero una escuela recién pintada, sin proyecto pedagógico, sin lectura, sin matemática, sin docentes acompañados y sin datos para saber quién aprende y quién queda atrás, tampoco transforma el futuro de sus estudiantes.

La crisis educativa de Tucumán no puede leerse solo como un problema edilicio ni solo como un problema académico. Es ambas cosas a la vez. Es infraestructura deteriorada, pero también aprendizajes débiles. Es falta de mantenimiento, pero también trayectorias escolares frágiles. Es ausencia de inversión, pero también falta de planificación, medición, innovación y continuidad institucional.

Por eso, la pregunta que deberíamos hacernos no es únicamente cuántas escuelas hay que reparar, sino qué tipo de escuela necesita Tucumán para los próximos veinte años.

La educación tucumana exige pasar de la emergencia permanente a una estrategia de transformación. No se trata solo de arreglar paredes, baños o techos. Se trata de construir instituciones capaces de enseñar más, enseñar mejor, acompañar trayectorias y preparar a los jóvenes para la ciudadanía, el empleo, la universidad, la tecnología y la vida democrática.

Pernambuco: una inspiración regional, no una receta automática

Una experiencia latinoamericana puede ayudarnos a pensar. Pernambuco, en Brasil, era uno de los estados con peores indicadores educativos del país. En 2007 ocupaba el puesto 22 entre 27 estados en el índice nacional que mide desarrollo de la educación básica. Tenía altos niveles de abandono, repitencia y sobreedad. Sin embargo, en una década logró una transformación significativa: redujo drásticamente el abandono, mejoró la promoción, amplió la graduación y elevó los aprendizajes en Portugués y Matemática.

El informe de CIPPEC sobre el caso muestra que el cambio no se produjo por una única medida, sino por una estrategia integral: prioridad política, metas por escuela, sistema de información, evaluación anual, currículum claro, formación docente, escuelas de tiempo integral, mejora de infraestructura y conversión progresiva de escuelas existentes.

Pernambuco no mejoró porque hizo una sola cosa bien. Mejoró porque ordenó muchas decisiones en una misma dirección.

Uno de sus aprendizajes más importantes es que la infraestructura escolar debe estar al servicio de un modelo pedagógico. La escuela de tiempo integral no requería solo más horas de clase: necesitaba comedor, cocina, laboratorios, salas docentes, espacios de tutoría, patios activos, conectividad, equipamiento y una organización escolar distinta. Es decir, el edificio dejó de ser pensado como contenedor y pasó a ser pensado como plataforma de aprendizaje.

Tucumán puede tomar esa inspiración sin copiar mecánicamente. La provincia necesita un Plan Provincial de Infraestructura Escolar con Prioridad Pedagógica. No alcanza con reparar lo urgente. Hay que ordenar la inversión en tres niveles.

Nivel 1: emergencia básica

Agua, baños, electricidad, techos, ventilación, seguridad, accesibilidad y conectividad mínima. Ningún estudiante puede aprender dignamente si la escuela no garantiza condiciones elementales.

Nivel 2: infraestructura pedagógica

Aulas adecuadas, bibliotecas activas, laboratorios de ciencias, salas de informática, espacios de lectura, espacios de tutoría, salas docentes y equipamiento didáctico.

Nivel 3: escuela integral

Comedor, cocina, patios activos, espacios deportivos, arte, auditorio, salas multipropósito, conectividad robusta y condiciones para ampliar la jornada escolar.

Cada obra pública educativa debería estar asociada a una mejora pedagógica medible.

Escuelas Secundarias Integrales de Referencia

La segunda decisión debería ser crear un programa de Escuelas Secundarias Integrales de Referencia. Tucumán no puede transformar todo el sistema al mismo tiempo, pero sí puede comenzar por un conjunto de escuelas estratégicas seleccionadas con criterios objetivos: vulnerabilidad social, bajo rendimiento, abandono, repitencia, factibilidad edilicia, ubicación territorial y posibilidad de articular con municipios, universidades y sector privado.

Estas escuelas deberían tener jornada extendida o integral, comedor escolar, biblioteca activa, laboratorio de ciencias, conectividad, tutorías, orientación vocacional, clubes de lectura, ciencia, tecnología, deporte y cultura, articulación con formación profesional y seguimiento personalizado de estudiantes.

El objetivo no sería crear escuelas de elite, sino escuelas públicas de referencia en los territorios donde más se necesita reconstruir oportunidades.

Aprendizajes, datos y alerta temprana

La tercera decisión es académica: una política provincial de comprensión lectora, matemática y trayectorias escolares. La crisis educativa no se resuelve solo con ladrillos. Tucumán necesita saber, escuela por escuela, cuántos estudiantes comprenden lo que leen, cuántos pueden resolver problemas matemáticos básicos, cuántos faltan sistemáticamente, cuántos repiten, cuántos abandonan y cuántos terminan la secundaria con aprendizajes reales.

Evaluar no es castigar. Evaluar es saber dónde el Estado debe llegar antes y mejor.

Por eso, la provincia necesita un tablero educativo con indicadores públicos y útiles: asistencia, abandono, repitencia, sobreedad, comprensión lectora, matemática, infraestructura, conectividad y terminalidad. Sin datos, la desigualdad se vuelve invisible. Sin seguimiento, las políticas se anuncian, pero no se corrigen.

El rol del Poder Legislativo

Aquí aparece un actor muchas veces subestimado: el Poder Legislativo. La Legislatura no solo puede debatir presupuestos o declarar emergencias. Puede construir arquitectura institucional para sostener políticas educativas más allá de una gestión.

Tucumán debería discutir una Ley Provincial de Emergencia y Transformación Educativa, con metas a cuatro años, presupuesto protegido, indicadores públicos y rendición anual ante la Legislatura.

También una Ley de Infraestructura Escolar con Prioridad Pedagógica, que obligue a construir un mapa público del estado edilicio de las escuelas, priorizar obras con criterios objetivos y vincular inversión con resultados educativos.

Otra herramienta podría ser una Ley de Escuelas Secundarias Integrales de Referencia, para implementar gradualmente jornadas extendidas o integrales en zonas críticas, con proyecto pedagógico, comedor, tutorías y articulación con empleo joven.

Además, Tucumán necesita una Ley de Datos, Evaluación y Alerta Temprana Educativa, que permita identificar estudiantes en riesgo de abandono antes de que sea tarde.

Y, finalmente, una Ley de Compromiso Público-Privado por la Educación.

Participación privada sin privatización

Este punto requiere claridad. Hablar de participación privada en educación pública no debe significar privatización. El Estado debe conducir, regular, financiar, priorizar y garantizar derechos. Pero empresas, universidades, fundaciones, colegios profesionales, organizaciones sociales y sindicatos pueden participar responsablemente en una agenda educativa común.

El sector privado puede aportar equipamiento, becas de conectividad, transporte, laboratorios, bibliotecas, mentorías profesionales, prácticas formativas, programas de lectura, formación técnica, tecnología y evaluación externa de impacto. Pero siempre con reglas públicas, convenios transparentes, rendición de cuentas, equidad territorial y prohibición de cualquier publicidad partidaria o empresarial dentro de la escuela.

El modelo público-privado debe entenderse como corresponsabilidad social, no como reemplazo del Estado. La educación pública sigue siendo pública. Lo que cambia es que la sociedad deja de mirar la crisis educativa desde afuera y empieza a comprometer recursos, capacidades y conocimiento.

Una escuela necesita techo, pero también necesita proyecto. Necesita bancos, pero también lectura. Necesita conectividad, pero también docentes acompañados. Necesita inversión, pero también gestión.

Una nueva arquitectura pública para educar

Tucumán no puede resignarse a discutir educación solo cuando una escuela se cae, cuando los resultados preocupan o cuando la emergencia vuelve a ocupar la agenda. La provincia necesita una política educativa que una infraestructura, aprendizaje, datos, legislación e innovación institucional.

La educación tucumana no necesita solo obras: necesita una nueva arquitectura pública para volver a enseñar, aprender y construir futuro. Porque una provincia que quiere desarrollarse no puede mirar la escuela como gasto. Debe verla como la primera infraestructura del futuro.

Referencia comparada: caso Pernambuco, Brasil, documentado por CIPPEC e Instituto Natura en el informe «La transformación de la secundaria en foco: el caso de Pernambuco en Brasil» (2020).

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